Bandas

Fuel Fandango

Una neocantaora andaluza tan cerca de la seguiriya y el martinete como del soul o el r&b y un productor canario especializado en dotar de una nueva dimensión las músicas fusión reinventan el pop moderno. Ni es una utopía ni es el inicio de una historia de ciencia ficción: es una realidad llamada Fuel Fandango, álter ego en el que se escudan Nita y Ale Acosta para sacar a relucir un imaginario que lleva casi una década resignificando los códigos tanto de la música de baile como de los nuevos caminos de la música tradicional más racial, tanto la flamenca como la afroamericana.

Ese fuego amigo en el que comulga el dúo demuestra que de casta le viene al galgo: ella, nieta del saxofonista Antonio Machín, con una formación musical que dio sus primeros pasos como cantante de copla y flamenco, para luego llevar su particular forma de entender el cante a frecuencias como las del soul, el funk o la electrónica; él, habiéndonos sorprendido años atrás con Mojo Project, grupo de culto en la música fusión de los primeros años del Siglo XXI, y que dotó de una nueva dimensión con sus remixes canciones de artistas como Enrique Morente, Buika, Chambao, elbicho, Ojos de Brujo, Muchachito o The Pinker Tones.

Desde que Fuel Fandango comenzó a rodar en 2009, esa fusión de tradición flamenco-coplera con música negra y ritmos propios de la electrónica de vanguardia (del house al electroclash o la funkadelia) se convirtió no solo en un fenómeno que nunca ha mirado atrás ni ha dado un paso en falso, sino en un proyecto que, a día de hoy, sigue aportando una radicalidad necesaria para seguir abriendo fronteras: no solo han conseguido romper los límites que impone el corsé del género, sino que han unido públicos y tradiciones. El dúo está acostumbrado a subirse a escenarios más propios del circuito del pop alternativo como de músicas del mundo, otros orientados a la música de baile, otros a la música tradicional y popular.

Desde aquella primera gira, aún sin disco y con un EP que pusieron en libre descarga en 2009, que se saldó con 70 conciertos (incluido uno en Londres, haciendo evidente su proyección internacional), muchos de ellos sold out; Fuel Fandango fueron allanando su propio camino y revolucionándose a sí mismos para revolucionar a los demás.

“Fuel Fandango” (Warner Music, 2011), debut homónimo que acabaría publicándose a la vez en Inglaterra, Francia, Turquía, Alemania, Suiza, Arabia Saudí, USA y Australia, sentó las marcas de agua del Proyecto: inquietud tanto por la música de baile como por las melodías del pop contemporáneo, la adherencia del grano tanto flamenco como de las músicas de raíz negra, y una concepción apátrida del cante, con una Nita cantando indistintamente en inglés y español. Aquel álbum, grabado en Madrid y masterizado por Simon Daveys (Depeche Mode, The Chemical Brothers, Björk), los lleva a protagonizar decenas de festivales, colgar decenas de sold outs en su gira de salas y hacer escapadas regulares a países como Holanda, Suiza, India, República Checa, Ucrania, Francia o Argelia, y aportar algunos de sus primeros clásicos, como “Shiny Soul”, “Talking” o “The Engine”.

Casi tres años girando y un álbum de remezclas entremedias (“Remixed”, de 2012) que acabaron enlazando con la edición de “Trece Lunas” (Warner Music, 2013), un disco que conectaba la facción más negra del rock and roll con una sonoridad si acaso más bailonga, dejando hits instantáneos como “Read My Lips”, “New Life”, “Trece Lunas” o “City” y que los llevaría a ser cabeza de cartel de algunos de los festivales españoles más importantes; pero, también, a ser un grupo básico en sus salidas europeas, e iniciando su primer idilio tanto chino como americano: un primer aterrizaje en el festival Havana World Music de Cuba y gira por los Estados Unidos.

Su expansión internacional se hizo fuerte en estos años, habiendo pasado por países como Francia, Holanda, Estados Unidos, China, Australia, República Checa, Reino Unido, Finlandia, Bulgaria, Alemania, Luxemburgo, Argelia, Ucrania, India o Mozambique y festivales como el Eurosonic holandés, el SXSW norteamericano, el SOTX chino, el United Islands checo, el Transmusicales francés, el Me You Zik luxemburgués, el World Village finés o el Weinturm alemán, entre otros.

Las doce canciones de “Aurora” (Warner Music, 2016) los erige no solo como uno de los grupos españoles con mayor proyección mundial, sino como un grupo cuya identidad es absolutamente reconocible, pero también su evolución. Con Steve Dub (New Order, Unkle o The Chemical Brothers) como aliado, invitados de la talla de Estrella Morente y el Niño de Elche, algunas de sus canciones más celebradas hasta la fecha en el repertorio (“Salvaje”, “Toda la vida” o “La primavera”) y una proyección aún más explícita de su inquietud flamenca, el álbum se convierte en número 2 de la lista de ventas española y los lleva por 70 ciudades en 9 países durante dos años, culminando la gira en el Wizink Center madrileño ante 5.000 personas; demostrando que no hay techo de cristal posible en un grupo que va elevando cada vez más su horizonte artístico, pero también geográfico.